3 poemas de Tatik Carrión

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Tatik Carrión:

Poeta de tiempo en tiempo y obrera  de la palabra que se entregó a una zona de arte alternativo que hoy sigue vigente. Vive entre gatos y niños, entre libros  y eventos y lucha por ser la mejor “tejedora de nostalgias y de esperanzas”. Nació en Chía, Colombia en 1985. Dedicada a las artes y al trabajo comunitario, sin previo aviso del cielo, terminó convirtiéndose en docente de español y literatura, gestora cultural y escritora. Dirige programas radiales, deja su opinión  sincera en revistas y páginas virtuales y dirije con bravura un encuentro de escritores.

EXTRAVÍO

Arrojo palabras al cielo que se vuelven pájaros.

Presagio colores

y ellos,

se tiñen de amaneceres

y tormentas.

En el paraíso de mis memorias

posándose sobre las breves angustias

de este territorio olvidado;

viajan hacia otras orillas

donde la herrumbre no sabe a pérdida.

Proclamo palabras en las tristes horas de este rostro,

ave que recorre los cielos

en busca

de mi extraviado canto.

 

 

Desolación

¡Cuántas cenizas de rostros!

En las ruinas todo es más triste,

hasta el silencio.

En el desierto de lo que fue una hoguera

se recuerda mejor,

pasan nítidos los instantes,

revelaciones

de cuando fuimos otros.

El viento toca

los pies descalzos y pequeños

de la guerra,

los pies del abandono y

la tragedia.

Una mirada y otra,

y otra más,

los ojos preguntan

los cadáveres responden.

Las mujeres y sus cantos.

Las mujeres y su angustia.

¡Cuántas cenizas de los sueños!

Y el corazón como siempre

inocente

como un niño perdido

en la noche.

 

Habla con los pájaros

El niño habla con los pájaros

sobre los secretos del corazón de los hombres.

Sus ojos no ven lo que alma intuye,

sus pobres ojos de sombras que danzan

en la espesura de sus deseos infantiles.

Nadie lo ama porque es ciego,

eso dice,

y eso lee en braille

en el rostro de su padre.

¿Adónde irá el niño de la eterna noche?

Vienen a cantarle los pájaros

vienen con sus voces de esperanza.

El niño conversa con los pájaros

con los anunciadores

de amores y desgracias.

De lejos unos ojos lo buscan,

de lejos, su abuela enciende velas a su nombre.

Y la muerte llega

como un milagro de luz

a sus ojos desamparados.

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