3 poemas de Melisa Mauriño

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Melisa Mauriño:

Argentinita con capa freudiana, esta poeta modelo 85, lucha por la vida de los demás y enseña con el mismo entusiasmo con el que escribe sus poemas. Ha ganado un concurso pero con él pareciera que se hubiera ganado todos los premios de la palabra; En los últimos días la poeta sigue tejiendo la crisálida precisa para salir volando. “La piel de la oruga” es el poemario, ella la poeta, una viajera que le encanta ponerle alas a los corazones desasosegados.

La piel de la oruga

Así como la ninfa

yo también tejía

ese capullo negro

en el corazón de la noche

del derrumbe

trenzaba los hilos

de mis largos cabellos

alrededor de tus dedos

ya estaban humedecidos

de tanto escarbar en mi nombre

caído en esa grieta de luz

que unía y separaba tus labios

de los míos

no usabas alianza en ese dedo

pero mis hilos

quizás demasiado frágiles

aún se cortaban

a la tercera vuelta

y tenía que volver a empezar

como si yo también cayera

del borde de tu tiempo

Así como la ninfa

yo también

me bajaba despacio

el vestido como la piel

de la oruga deslizándose

hasta tocar ese final de cuento

anunciado hasta el hartazgo

y aún así

igual que ella

vi con horror la pausa

el vestido,

muerto en la mitad

del cuerpo,

descubriendo a medias

lo sensual, lo trágico

del amor

cuando no se termina.

Psyché

                        A Midori y Anastasios

Ya eran casi las cinco

del verano

la línea entre los postigos

se filtraba rosada, fulgurante

como una espada de luz

cortando con su filo la noche

desnudando las horas

sin sueño

se abría rechinando

la mañana fresca

amarilla

en su vaivén metálico

golpeaban inseguras las ventanas

como alas de la casa

demasiado pesadas

para este cuerpo frágil

de par en par las dejé

para oír mejor

el otro aleteo, desesperado

más verdadero

un grito que desconoce la lengua

como si el viento modelara la carne

con su soplo inocente

y aún supiera

algo del mal

así se agitaba la polilla

dentro de su jaula

volaban sus pelos, afuera

como las suaves plumas

de una guerra de almohadas

pero sin risas

también mujer, pariendo con dolor

agarrada a las rayas diamantinas

de su encierro

malherida, pujando fuerte

cada uno de sus huevos

a la vida

algunos sobre su abdomen

y yo con un pincel

que no pinta, otra caricia

dejándolos caer

de su vientre convulso

te dije no duermo si ella sufre

nunca vi la muerte, tan pegada

a la vida

es tan raro que la oruga

no sepa de polillas

de sus padres, de sus hijos

sólo de orugas y hojas

y se olvide

cuántas veces muere

cuántas vive

y después el letargo

en esa bóveda de oscuridad

se olvidan de sí, se creen orugas

como nosotros creemos ser niños, bellas, jóvenes

esclavos, enfermos, soldados

creen que siempre

van a ser orugas, y nada más

también nosotros

confiamos en eso

hasta que la muerte llega

definitiva

pero las polillas no conocen la muerte

sólo un puente

porque dejan la piel en la tierra

para subir al cielo, el cuerpo

una cáscara suave vacía

y volar todavía más alto

entre las nubes

donde no llega la vista

por eso mañana cuando encuentre

irreconocible un cuerpo

vivido y abandonado

al viento y su soplo

sabré que no es la muerte

sabré reír

sabré por qué las llaman psyché

como al alma

que huye rápido de una piel cansada

con ansias de llegar sin peso

al nuevo amanecer.

Pasaje

Una polilla se apagaba

se dejaba estrangular por las horas

agarrada a la pared de la sala de hospital

donde los vientres

estaban a punto de abrirse

supe que aun con su agonía a cuestas

quizás debido a ella

era todavía parte del mundo

porque al tocarla con mis yemas sentí

la gamuza de su cuerpo

recibirme humana

en su ser de insecto

¿te conté que antes de morir,

cuando no se aparean,

se vacían el útero de huevos

que están vacíos?

Estaba en eso cuando la acosté en mi mano

y el suyo era un cuerpo en coma

que reconocía la piel

con un profundo silencio

¿te dije que sus alas huelen como el polvo

acumulado sobre los muebles

después de una larga ausencia?

¿que es preciso desplegar muy grandes

los párpados para ver el salto inaugural

que la devuelve añeja, recién nacida

a la caricia del crepúsculo

guiando su último vuelo

de regreso a la tierra?

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