3 poemas de Yuliana Ortiz Ruano

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Yuliana Ortiz Ruano:

Ecuatoriana último módelo,  su arrolladora energía la ha llevado a gestionar de todo, desde eventos poéticos únicos como el Cráneo de Pangea hasta festivales independientes de librejos y otros bichos. Ha viajado casi por todo el continente, alumbrando aquí y allá con su palabra como si fuera una luciérnaga juguetona. Se la pasa de Festival en festival, entre Bolivia, Perú y su tierrita andina. Reconocida por ser gestora de cuanto cuento le inventen, esta poeta brilla como una gema, su punzón estalla en letras conmovedoras que promueven el susurro o el grito. Nada en ella es a medias.

A Marosa di Giorgio y Óscar Peña

XXI

 

Necesito que me sostengan,

que en el aire se abra una boca

y diga la fecha del final de este incendio

y la existencia vegetativa.

Necesito que la lengua de mi madre se vuele,

que deje de llamar diciendo;

 

hijo/esposo/miedo

 

sobre todo esto;

miedo del hijo que aún no tengo.

Miedo del fracaso genético.

 

Quiero creer en un dios sin karma

y sin horizonte.

Quiero rezar por la juventud eterna

para que los que esperan la caída de este cuerpo

no la vean.

Miradas

descendiendo

en forma de agua sobre mis raíces.

Quiero levantar un altar a la infertilidad;

rezar por la dicha de llegar sola al final de mis días

escribiendo versos con alzhéimer.

Rezo para que mi vientre se seque

y dentro de él

sople la arena del desierto de Tacna

formando la duna de mi destino.

Rezo para que toda la sal del Uyuni

anide en mi espalda.

Quiero creer en un dios sin barbas ni arrugas

¿quién dijo que solo la vejez

es sinónimo de sabiduría?

Quiero creer en un dios

que no cante por los niños

que cante para sí

sin mentirle a nadie.

Quiero creer en un dios

a mi imagen y semejanza

que camine conmigo por callejones oscuros

y beba en la misma mesa

de los poetas que lo maldicen.

 

X

 

El insomnio como única bandera

de este país de ropa;

mugre y libros.

Incendio sobre mi cabeza el presente

la ceniza cae

formando volcanes en mi torno

¿de qué color

es el magma

que brota

del piso de mi cuarto?

Alud de idiomas ilegibles

Tapizando el aire en las paredes

y el olor a sexo muerto

perfumando las sábanas

(desiertos de vellos púbicos

de seres que habitan el holocausto).

Canto como quien degüella una vaca

con sangre salpicada en mi rostro

sollozos de las mujeres

que fui

colgadas como guirnaldas musculosas

del cielo/techo

de mi país abandonado

en el que a pesar de ser la única habitante

sobrevivo como expatriada

mientras la bombilla

apila bajo mis ojos

los fragmentos de la noche.

 

XIV

 

Los aviones no aterrizan sobre mi cama padre,

tampoco en mi vientre,

la isla en la que vivo

parece hundirse

poco a poco

con cada persona

que se sube

o intenta vivir en ella

¿ves ese humo padre?

Esa soy yo

incendiándome otra vez,

comiendo vidrio

para no llorar

sobre tu tumba.

Soplando mis cenizas al viento

como se soplan

los dientes de león

en el camino del ombligo a mi  lengua

¿Padre

por qué me heredaste el miedo

y esta herida

que crece como un reptil

amargo en mis sienes?

¿Por qué acostumbrabas

a salvarme del

incubus para luego irte

y condenarme

a dormir con la luz encendida

hasta hoy?

¿Ves el humo padre,

lo puedes oler?

Esa soy yo

Incendiándome

Otra vez.

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