3 poemas de Aleqs Garrigóz

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Aleqs Garrigóz:

Poeta mexicano de ese pueblo muy bonito que queda en las playas de Jalisco, el famoso Puerto Vallarta que se arrulla en el palmar. escribe desde los quince años y desde entonces ha ganado varios premios y ha viajado dando a conocer su “Galerías de sueños” ante “la risa de los imbéciles” y “La luz constante” que lo atraviesa en todos sus segundos. el bardo mexicano es un viajero empedernido y su sueño es que la poesía sirva, sobre todo, para despertarlo en otro mundo.

 

EL MANIQUÍ

Carente de articulaciones, tieso cual esfinge,

se erige el maniquí, con su sonrisa falsa.

No será prudente que lo llame con todas mis fuerzas.

Nada, ni el menor movimiento.

Ni sus párpados le caen.

Sus pupilas están crispadas,

como si un terror estirado anidara en ellas.

Sus genitales anudados me producen asco.

Encuentro su ombligo. ¿Qué grotesca madre lo habrá parido?

Sé que si despertara de su letargo

sentiría vergüenza, culpa, lástima de sí mismo,

por estar tan solo y tan expuesto.

Él no sabe la fortuna de su condición:

ni su piel será lacerada por el frío

ni el herpes florecerá en su boca.

Rápidamente lo visten y adornan ridículamente,

pero jamás emitirá una queja accidental.

Han traído algunas pelucas anticuadas

y lo coronan como es debido.

Cortésmente me despido de él.

Lo saludo al alejarme, mirando a través de la vitrina,

como si mirara ante un espejo.

EL ACTOR

¿Qué es más insustancial que el trabajo del poeta

que deja al mundo un legado de textos confusos,

contradictorios, alucinados, incomprensibles…

y sin embargo, en su vacuidad, es instantáneo cobrador

de satisfacciones que se eslabonan día a día?

El trabajo del actor falaz y sin duda,

que no mide su ambición en balanzas

pues no es palpable su sueño en memorable materia

ni ciñe al mundo sus deseos en letras creadas para la inmortalidad.

El actor que se afana en quehacer de fantasmas,

el que entreteje en su vida los hilos del fraude y la mentira,

aquel cuya moneda común es de instintos tan bajos:

engaño, seducción, cobarde hipocresía.

Siempre viviendo a través de otros.

Siempre muriendo por otros, en otros.

Oscuro oficio de la fascinación,

de los ademanes que embelesan y obsesionan,

de las miradas incendiarias que intimidan.

Como un ladrón a mitad de la noche,

codiciosamente midiendo sus pasos,

presto a probarse cualquier mascara,

con semblante indefinido, helo allí tan alegre y tan triste
como un payaso después de su jornada.

Mi aplauso no basta a lo que quiero expresarle.

Aprenda en él mi torpeza a construir el futuro

controlando a otros, a salir airoso del asedio.

En fin, a vivir, a habitar el mundo.

EL FARSANTE

Huele a leche agria y al perfume de tiendas baratas;
y bajo la gruesa placa de maquillaje
no hay pedazo de luz en su cara.
Pero finge, finge con pretensión ingrata
al no haber clima benigno en su alma.

Se imagina especial en su pose y con vacío hablando

de ideales que cuestan caro, de leyes, genios y artistas,

haciendo burla de ritos paganos y mancias;
pero su casa es la ruina del caos,
nido de cucarachas donde ha pillado sus mañas.

Y es esclavo de sus propias falacias.

Dice que llueven semillas de oro en su techo
y hablar con la felicidad a cualquier hora
mientras sus tripas con dolor se devoran.

Y cada noche llora a solas.

Llora sí, y de orín son sus lágrimas,

pues siente el pesar de la vida sobre su espalda
como tenedores clavándosele en la espina,
deseando con todas sus fuerzas esconderse del mundo

refugiándose en una vagina.

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