3 poemas de Orietta Lozano

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Orietta Lozano:

Caleña apasionada, erótica en suma. Sus poemas nacieron para hablarle a los amantes. Toda su palabra constituye la visión del resplandor. Ha sido galardonada en varias ocasiones y traducida a la lengua francesa del amor. directora de una biblioteca, de programas y eventos culturales la poeta sigue su andar con las palabras buscando quedar ebria de espasmos y retozos. Sigue siendo bella, prolongando una nueva enajnación entre los jóvenes, grita que el amor es lo que salva.
Reivindica la escritura como un ejercicio, una disciplina diaria, un modo de vida, un estilo. El agua de la resistencia. A la velocidad, a la intensidad, al vertiginoso movimiento del mundo, la calma del pescador, el acecho del cazador y la ensoñación, la poeta conduce su gesto y lo perpetúa; oficios de alerta, de paciencia y contemplación, esos son sus ejercicios de locura.
La vallecaucana lleva el dulce de la caña de azúcar en su corazón y al amanecer, cuando apenas el mundo está levantando el sueño, ella se arriesga a encontrar señales en medio de la niebla y el silencio.
Comunicarnos con la voraz poesía de los animales es su ambición; es la poeta del deseo, la que sólo quiere que entre el lector y su poesía exista un solo camino; ambos mirando por el mismo ojo, ambos urdiendo la misma ruta, ambos configurando la misma línea de fuga…

 

DEL AMOR

 

Porque te amo llueve,

el tiempo agujerea los espacios

y en la piedra se inscribe una escritura.

Llueve indescifrable movimiento

y una vestidura infinita

viste el corazón y abre una herida.

Ardor que sube entre los huesos

y de la sangre crea un lago

donde se enferman Dios y los insectos,

Dios deja de estar en todas partes

porque en cada parte yo te veo;

delante de él, nos deshacemos, nos diluimos,

nos entregamos vueltos viento, agua y tierra.

Te amo y llueve,

tu movimiento vibra en todas partes,

estupor violento, agitación serena,

delirante reflexión, fijeza que traslada,

señal que se agita en el silencio,

toca y confunde, habla y desvela,

sueño que avanza, retorna y choca,

sujeta, suelta y forma

un fuego, un circuito, un círculo perpetuo.

Te amo y llueve,

tu movimiento ondula en todas partes,

la boca se alza, diosa lujuriosa

que esparce por el bosque un soplo

y agita las raíces, brota la palabra

y transfigura el tiempo.

Tú eres todas las cosas,

un lobo, una cadena, una cicatriz, un búho,

el reloj de una prostituta, Dios, el ángel asesino

y en cada cosa engendras movimiento.

Algo que no sé discernir

rueda entre mis brazos.

 

NAUFRAGIO DE LUZ

 

Ángel indiferente vuelve

una mañana de sol oscuro

y radiante de tristeza,

permitamos a los dados echar la suerte,

sigamos el juego,

el instante en que te ahogas

en el agua del silencio

escuches el secreto inconfesado

y una golondrina te eleve por encima del aire,

te deje sobre los hombros de la irisada luz

y trascienda los cielos de cerezo.

Jinete que cabalga al futuro

cóndor insomne y frío;

entre el cielo y la tierra

cuerpos imantados

que se atraen con una ley precisa,

ángel caído en mitad del hielo

silencio y oscuridad,

! qué vacío! ¡qué vacío!

ciego precoz iluminando el paso,

¿por dónde nos llevas?

¿hacia dónde vamos?

el dulce, el iluminado

y radiante de tristeza.

De extremo a extremo un frío

de canto de piedra de vacío,

el viento aúlla

y brilla el camino entre la niebla.

¿Quién canta a esta hora en que los ojos se cierran

para ver las águilas soñando?

 

ORFANDAD

 

En la orfandad del silencio

no espero la respuesta,

hurgo, como el águila hurga el aire de su vuelo,

porque la palabra que retorna,

es el cristal donde la luz restalla,

déjame decir en el solar del árbol,

dos sílabas de pájaro temblando.

Acaso estás tan ausente en mis tendones,

tan herido de las yedras de mi pausa,

tan silencio en la espina dorsal de mis palabras,

tan ido de mi lado, tan éxodo por mí,

tan encallado en mí

como ramas temblando de granizo.

Y un día, después del ayer y antes del mañana,

nos podamos encontrar

para arribar por siempre en la azul orilla

de la aurora.

Por ahora, sueño la tortuga

que arrastra la casa hacia su piedra,

los lobos en cardumen,

los peces en jauría;

el cuerpo vuelto arcilla,

en la epidermis de la esfera.

Escribo

como se traza un mapa de membranas,

para que mi aurícula no se piense rota,

y mi hueso sacro no delire espera;

porque de migajas se hace el pan,

reclamando migajas, escribo

delante de nueve cartas que se juntan,

hacia atrás del tiempo en contravía,

a unas horas de regreso,

en las mañanas antiguas del futuro;

como la yedra que hoy se inicia

y empieza a recordarnos.

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