3 poemas de Hellman Pardo

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Hellmn Pardo:

Todos los elementos se unieron para darle forma en 1978. Los años pasaron y el niño se convirtió en poeta, poco a poco fue plasmando en hojas en blanco su tumultuoso fluir de ilusiones que la palabra fue reconciliando poco a poco con su sed para comunicar ese tratado de dientes apretados que es su anatomía de la soledad. No es un judío errante, pero conoce bien todos los elementos del desterrado, sabe que la poesía es la historia del agua que vaga como un falso llanto en el granizo. Ha sido premiado y ha viajado como todos los poetas y ha fundado y editado, ha bregado, como es cosa de siempre, en el oficio del poeta. Así sus noches, arrimado a las ventanas, intrigando, llevando en su corazón una tentación inconclusa.

Urrao (Al oeste del tiempo)

Soy maquinista de una barcaza hecha

con maderos de abandono.

La heredé del llanto de una mujer andina

fusilada en la guerra.

Una tarde me hicieron descender de la barcaza

y conmigo

a todos los viajeros.

Dijeron que nos arrodilláramos cerca a la desolación.

Nos arrodillamos

donde los alambres de púas advertían

el color del sueño.

Se escucharon entonces diez caídos como jobos maduros

buscando tierra

mientras el sol se hundía en la trocha

lento

derrumbándose.

Te hablo desde el cobertizo de la memoria

desde la hora muerta y su estampida.

Mapiripán (Los pliegues del agua)

No es el golpe invernal de árboles dolidos

que tropiezan con la noche

o el rencor de las luciérnagas cuando naufragan por el aire

y llevan a media asta las alas húmedas de abandono.

No es la fatiga del valle

tardío arrepentimiento de cuchillos jubilados.

No es el hambre

o su llanto en el estómago.

Asciende una fiebre imperturbable

en aguas solísimas.

Es el río Guaviare

madre

su aguacero

estanque de cuerpos condenados

donde lavabas y herías la ropa contra las piedras de tus pechos.

Yolombó (Crónica de los muros)

Hay pesadumbre en los muros de esta casa

una amargura de cargar el cielo raso.

La verdad cansa.

Lo sabe esa humedad en las esquinas

que respira un moho parecido al hambre

invadiendo el traspatio.

Dicen por ahí

que los gritos permanecen adheridos a las paredes.

Aún se oyen lágrimas

como áspero aleteo

del guardacaminos.

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