3 poemas de Carolina Zamudio

img_3096

Carolina Zamudio:

Argentina del año 1973, nacida en el centro de la Mesopotamia argentina, la poeta aprendió de su niñez el resplandor estrepitoso que produce la humedad y el vértigo cuando la tierra y el río se convierten en esteros frondosos aptos para supurar lenguas que apaciguan el hambre de los yacarés. Estudió periodismo, ofició que le sirvió para viajar y pulir su poesía. Ha publicado varios poemarios con doble fondo, por un lado, buscando las huellas del viento y por el otro, intentando concentrar teorías sobre la belleza y la oscuridad. Sin embargo, enamorada del azar, la poeta sabe que toda su obra se circunscribe a las breves certezas que el sol le ha brindado.

Ha sido traducida y antologada en varios países e invitada a cuanto certamen se hace en cualquier parte. Pero lo mágico, es que después de errar por todos los desiertos del mundo, se enamoró de Colombia y ahora vive allí esperando que los peces de Mauricio Babilonia naden con ella hasta los esteros de Iberá.

 

 

Plenitud

Al amparo del árbol de la sabiduría india
en la letanía impasible de la tarde
con los brazos abiertos y las palmas al cielo.

Vuela una mariposa
y su impudicia
modesta síntesis de mundo en los ojos.

Templar belleza
mirando bajo las arrugas
la longitud de la nariz
el bosquejo del aliento
los pliegues de las orejas
hasta dejarla ir.

 

Entera

De boca en boca
del alimento al beso
recodo en la palabra.

Dar de comer
entregar
entera desde esta inmensidad
y finitud
desde mí
en el mundo.

Todo
desde esa boca que espera
el mordisco
desde esa otra boca
que concierta y se funde en esta.

Casi nada, ínfima
desde el cosmos
que —también— mide
se desboca.

 

Llorar

Llorar no es limpiarse
es mojar un vestido
correr el maquillaje
ahuecar los surcos de la cara
como cauce de deshielo
es sangrar del color de la piel
dejar algo esparcido
con anticipación, sobre la tierra.

Limpiar los ojos sí.
Después de llorar
lo que se ve recupera el foco
el paisaje es más claro
la flor naranja, intensa
hasta el tacto más sensible.

Limpiar
es solo cosa del agua
quizá de la lluvia, que no es agua
solo un rito que esclarece.

Las lágrimas son como de aceite
deslizan aquello
que —desde adentro—
viscoso
no puede más que verterse.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s