3 poemas de Sandra de la Torre

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Sandra de la Torre:

Poeta quiteña que despertó del silencio en 1971. Ha sido editora, guionista y realizadora audiovisual, lo que significa que ha querido hacer de su vida una película o un poema. Es cofundadora de una editorial que le rasca las nubes al cielo y de otra, que le gusta abrirle, agujeros a los zapatos. La poeta ha recibido honores por parte de uno de los festivales más reconocidos de Ecuador y ha publicado ya varios poemarios, por eso, sus poemas han sido compartidos en varias revistas digitales y por tal, ha logrado figurar en algunas antologías que ya dejan claro que la poeta cuando cierra los ojos no es para dormir sino para crear santos personajes, o santas arvejas, que es casi como sembrar un dios en medio de tanta inclemencia.

A Renán

Dicen que ya no valgo
que no viviré ciento veinte años
no salaré la tierra no me encenderé en luz
dicen que me pudro a velocidad
Parece mentira cuando mi único síntoma era una tosecita
molesta al inicio
que no cedió con jarabes de miel
ni jaleas de abejas reinas de la Amazonía
ni con antitusígenos de la farmacia
La tos creció en frecuencia hasta causarme un desmayo
y una radiografía simple reveló que mi paso por el mundo
no era más relevante que el de una hormiga
No sé si habrá hormigas predicadoras y no importa
ellas también morirían anunciando buenas nuevas bajo un zapato
que pisa al azar
Una radiografía simple mostró que soy una casa tomada
que mi afán predicador debajo del sol era vanidad
Será mejor tragarse otra píldora de ajo
y estas palabras carrasposas
enfrascadas junto a los remedios inútiles
en la mesita de noche
No digo más
no me embarco en filosofías
zarpo a Nínive con la boca cerrada
y con la boca abierta me acecha la ballena
en el mar incorrecto
Callo
para escuchar el oxígeno en la última recámara
Lo que dije lo dije cuando aún valía

Atrae mi atención terminal
el partido de fútbol en la tele
soberbia ficción con protagonistas y oponentes
que consumen su aliento tras el balón bendito
con pleno conocimiento de sus escasos noventa minutos
y la certeza de un perdedor irremediable
Importa sólo el fútbol ahora que las preguntas gritan en los graderíos
y las respuestas no valen ya
como yo
como estas palabras que nunca dije
y no sé si las pensé
o si se filtraron por mis
ojos ya
quietos

Me calzo los crampones
me enguanto me encordo
abotono la gana de romper el viento
hundo mi pie en la pared resbaladiza
llora el enlucido lágrimas de yeso
avanzo a la primera ventana
el cristal me retrata antes de retractarme
me aferro a la cuerda como péndulo de reloj
una queja se desmorona entre los escombros
que caen sobre los transeúntes
que alzan a ver mi contorsión cinética
que alzo a ver en el cristal de la tercera ventana
repitiéndome en la retina del rascacielos
cierro los ojos para no repetirme en mi retina
no consigo no ver la película de mí
ya es mío el vértigo verdadero
caigo en cuenta del destino
oigo motores como truenos en el cielo de asfalto
aspiro demasiado aire demasiado poluto
trago saliva pierdo sudor en el quinto piso
mi quinto reflejo dice que soy un guiñapo agazapado
sonrío y saludo por si alguien dispara
incrusto las uñas en las rendijas
soporto la gravedad de la ley
no muy lejos no tan fría ni tan blanca está la cima
acampo un rato en la cornisa
la alfombra de Aladino se sacude en el piso dieciséis
su porquería llueve sobre mí en avalancha
evado el polvo en un balanceo suicida
soy un péndulo desbocado marcando las doce
me estabilizo estiro el brazo toco el aire
no hay más pendiente
solo una cima plana hecha de puro concreto

Moria
Aquí estoy
camino a Moria
¿cómo perderla?

Aborrezco el monte del holocausto
pero avanzo por la escarpada ladera
desoyendo
clamores
aullidos de conjeturas invisibles.

Soy
el que soy
autor de las líneas
de mi epitafio.

Levanto la mirada
el sol nace por tercera vez
mis ojos tocan la cima
aquí estoy
respondí al llamado.

Me acerco al borde
ensayo abandonarla
me doy respiración boca a boca
electrizo el corazón
me endioso.

En Moria
con las rodillas levemente flexionadas
los brazos horizontales
espero la fe suficiente
para despeñarme
a la resurrección.

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