3 poemas de John Galán Casanova

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John Galán Casanova:

Rolo setentero graduado en literatura y revolución, el primer libro lo escribió en una máquina que no tenía la “e”, ni una tilde y menos la asombrada “o” para escribir corazón. Ha ganado varios honores poéticos escribiendo en aparatos precariamente desmadejados, sin embargo, los cacharros han sido aptos para su poesía. Hoy en día juega a ser maestro de escuela en universidades, pero como se la pasa leyendo en un club de poesía y renegando de no conseguir una buena máquina que al fin pueda encontrar tildes para sus vocales, parece que el sueño se va a quedar en amanuense de espejismos. Como traductor ha logrado varias versiones de otras voces espléndidas y como coordinador de talleres poéticos es donde ha conseguido su mayor logro; convencer a algunos de que la poesía sirve para algo.

 

 

Bandera

El hombre sale

y tiende la camisa

en la cuerda.

Arrima el taburete

al tronco

y se recuesta

al fresco de la enramada.

Allí lo asesinan.

La camisa ondea,

bandera

de una patria vencida.

 

El cuerpo

¿El cuerpo?

El cuerpo es un ídolo rancio

al que ofrendamos flores por costumbre.

Mil billones de fotografías

le tomaron durante estos siglos

y lo han dejado exhausto.

El pobre cuerpo

no resiste una prenda más,

un desnudo más, una pose más.

Habría que embalsamarlo,

encerrarlo en un sarcófago

y preservarlo un milenio de toda mirada

mientras recupera su aura.

 

El exceso

El exceso de T.V. no remuerde.

El exceso de alcohol es obligatorio.

El exceso de trabajo es legal

y perjudica la salud.

El exceso de velocidad

es la rebeldía de los lerdos.

El exceso de drogas no da abasto.

El exceso de sexo no se siente.

El exceso de luz eclipsa la noche.

El exceso de noche es elixir de fantasmas.

El exceso de campesinos

acampando frente a las alcaldías.

El exceso de plagas que no atajan los pesticidas.

El exceso de estudio sin pasión,

de mediocridad dentro y fuera del salón.

El exceso de sordo llanto y de ira

en las voces de los niños.

Y los madrazos,

los portazos y los trancazos a los objetos.

El exceso imposible del amor.

El exceso de la danza de la muerte.

El exceso de lujo, de codicia, de violencia.

El exceso nuestro de cada día.

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