3 poemas de Elsa López

Elsa Lopez (4)

Elsa López

(1943) Catedrática y Doctora en filosofía. Miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes. Embajadora de Buena Voluntad de la Reserva de La Biosfera Isla de La Palma ante la UNESCO y Medalla de Oro del Gobierno Canario 2016. Es Premio de Investigación José Pérez Vidal, Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla”, Premio Internacional de Poesía “Rosa de Damasco”, Premio Nacional de Poesía “José Hierro” y Premio de Poesía “Ciudad de Córdoba Ricardo Molina”. Sus poemas han sido traducidos a diferentes idiomas y parte de su obra poética ha sido incluida en antologías nacionales e internacionales.

 

Te morirás primero

 

Te morirás primero, ya lo sé.

No creas que me importa.

Me vestiré de gala,

con los tacones altos miraré las estrellas

y andaré por las plazas como si fuera fiesta.

Ya verás, cuando te mueras

irán nuestros amigos al entierro.

Habrán ramos, ofrendas,

un latido de pájaro golpeará las ventanas

y el altar se hará añicos durante el ofertorio.

Yo me pondré las gafas de no querer mirarte,

las de mirar el mar y verlo a mi manera.

Escucharé tus versos,

aquellos que escribiste antes de yo leerlos,

seguiré las estatuas

y me vendrá tu llanto y el amor que no tuve.

¿Te imaginas, amor?,

tú allí, muerto, tan solemne y tan quieto,

y yo un bullir de rosas en los bancos del fondo.

Yo, de rojo vestida, trenzas negras mi pelo

y las manos muy blancas acariciando espejos

por donde te has mirado.

Sin una sola lágrima.

Oculta por la pena que siempre fuera mía.

Pensando en tus caricias

y el júbilo perfecto de una siesta de sol

que nunca llegaría.

 

¿Te imaginas, amor?

Tus nietos, tus parientes,

y en el último asiento una hermosa muchacha

iluminado el arco de sus blancas axilas

por la luz de tus ojos.

Vendrán los oradores y hablarán de tu ingenio,

de tus muecas feroces,

de las horas amables en que ocupabas sitios,

lugares acordados.

Hablarán de tus gestos, de tu bufanda oscura,

del inconstante deleite de tu boca,

del mar que te ocupaba los momentos felices.

Llorarán los acólitos,

las vírgenes de plomo, los ángeles de cera…

 

Y nunca sabrá nadie que me he muerto contigo.

La Habana

A José Hierro

 

De La Habana lo que yo más amaba era la bahía

esa imagen del mar con los barcos paralizados en el agua

y el paquebote azul que llegaba a la orilla cargado de melaza

y aquel hombre dando pan a los peces

y acariciando niños de mirada brillante

de pieles brillantes al sol y al calor del mes de julio

niños con mirada de pájaro

entrelazados a la cabeza de mi buen amigo Pepe

venido de las estepas al sur

de unos niños con gansos desplumados

sobre la calva brillante del más desterrado de los hombres

y el barco aquel que llegaba a la orilla de forma regular

cargado de rostros de cansancio de bicicletas viejas

y yo qué hago aquí con esta negritud insoportable

 

Yo vivía en ese barrio

 Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.

(Pablo Neruda. “Explico algunas cosas”)

 

Yo vivía en ese barrio, como tú,

olvidada del odio y el rumor de la vida

que tanto nos dolía.

Fueron días felices habitando lugares

que eran solo un espejo donde poder mirarnos.

 

Tú ya no estabas, Pablo.

 

Tú, quizá, ya no estabas.

Pero aún nos llegaban tu voz y los recuerdos

de los primeros días grises del otoño en Madrid,

de sus casas con las macetas colgando hacia la muerte

y de nosotros que íbamos a la guerra

prendidos de tu espalda sin saberlo.

 

Esperábamos tu vuelta.

Que volvieras un día a mirar las ventanas

de tu barrio de Argüelles,

y de aquella casa con balcones hacia la luz de junio,

sus aglomeraciones de pan palpitante

y de tomates repetidos hasta el mar.

 

Y cada veintitrés de septiembre

íbamos al acecho, como una cita a ciegas,

a encontrarnos tu voz pintada en las paredes,

a regar los geranios que ya nadie regaba

y a rezar por tus veinte poemas de amor desesperado.

 

Y, luego, en los pasillos y túneles del alma,

recitábamos en alto tu Canto General

pasándonos los versos de boca en boca

para multiplicarnos en un Madrid enfermo de tristeza.

 

Definitivamente sin ti. Pablo.

 

 

Elsa López

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