3 poemas de Carol G.P.

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Carol G.P.

Española, de Barcelona tío… poeta y artista plástica, devoradora de imágenes.

 

En el momento previo a que se quitara la ropa,
justo en el momento previo, allí mismo, allí
donde minutos antes la tarde apestaba
a camisas de oficina y palmaditas en la espalda
(siempre hay gestos muertos a dos centímetros de la piel), allí
donde lloraban primaveras en Septiembre. Nadie
vio cómo se quitaba el vestido
y nadie se preguntó quiénes
y nadie se preguntó cuántos
el recuento cuando ella encogió sus hombros y entreabrió
la boca y los nombres de los hombres y los nombres de la patria
dejaron de existir. Nadie
en ese momento previo se preguntó
el número de nubes que atravesaron sus dientes,
cómo los muy imbéciles se resistieron a creer
que aquel montón de carne no era más que un montón de carne,
como aquellos que vendía el viejo Phil
dos esquinas más abajo
(decían que escogía sus presas en mitad
de domingos de sol y frutales amarillos).
Se quedaron un tiempo (¿cuánto tiempo es tiempo?). Se quedaron
un tiempo contemplando eso: un montón de carne. Nadie
vio sus puñitos apretados, nadie
quiso ver ese par de manitas de dedos apretados, nadie
quiso apretar el corazón (la compasión reside en el estómago).
Pero ellos tenían el estómago rebosante de engaños consentidos
y algo de whisky
y un par de filetes de los que vendía el viejo Phil
(decían que escogía sus presas en mitad del murmullo del arroyo
y las promesas estivales). Y en aquel instante
previo se sintieron gloriosos,
pura mezquindad disfrazada de algo que resonaba en sus oídos,
más allá de aquel rumor de braguetas y pliegues de piel, más allá,
…………………………………………………………………..mucho más allá
de aquella sensación de
desplomarse
sobre los tejados dorados.
Pongamos que alguien se preguntó
(¿de qué servirá saber su rostro, su nombre?), alguien se preguntó
qué palabras solía pronunciar de niña, esas palabras escogidas,
qué sonoridad exacta tendrían en aquel tiempo
previo, cómo sería lo que retendrían sus labios de leche antes
de ser esto en lo que se había convertido ahora. No
tenía ningún motivo para estar allí,
solo que la transgresión era una forma de obediencia.
Ella sabía. Ellos no tenían ni idea.

 

 

Alguien feliz no escribe. Yo
tengo alambres en los dedos, el resto:
una boca que sabe cómo sonreír (recuerden,
las bocas que sonríen nada
tienen que ver con las bocas que saben cómo
sonreír). Yo he sido feliz muchas veces
y en ninguna de ellas se me ha ocurrido dejar
de estar viva, uno escribe cuando la vida
no le basta.
Solo es un poema, uno,
en el que caben otros muchos. Todos.
Lo que dije. Lo que está por decir.
Una masacre, la luz enferma,
un pulpo en la garganta, un frenazo,
una calle sin salida, un golpe en la pared,
una casa con goteras, la trastienda,
un sorbito de amoníaco.
Y a pesar de todo siempre quedan restos de esperanza
en el dobladillo de la falda, en el revés de los bolsillos,
en las ranuras en la suela de los zapatos, en el mínimo
espacio entre los dientes, una hebra de alcachofa,
un filamento de pollo o de bistec (esa forma exacta de fe
como carne muerta en nuestra boca).
Un trocito de verdad (¿cómo será una Verdad completa?)
se vislumbra incandescente, más allá, en otra parte,
en cualquier parte, en verdad, aquí mismo:
la vida que se empeña
en revelarse clara y luminosa
…………………………………………suspendida
¿Será posible? A estas alturas del mundo.
Con tanto que decir. Tanto motivo.
Tanto octubre por delante

 

 

De la posibilidad de quedar atrapada en la propia imagen (XXX)
o
Indicaciones sobre mi cuerpo dormido pensando en la temperatura exacta del agua antes de arrancar a hervir
:
Dejo agua a hervir
en una tetera. Pienso en ti. No
existen los tiempos
muertos, solo una leve
desolación en el ritmo,
un mínimo
deterioro en el modo
de percibir cuánto
ocupa la vida. Mi cuerpo es
ese agua —lo sé ahora
que mato el tiempo. Que pienso en ti—. Ese temblor.
Conoces el peso exacto
de mi masa corporal (la temperatura
líquida que me contiene conteniéndote) antes de caer
dormida. Y sin embargo, desconoces
la ligera pesadez al levantarme.
¿Cuánto hace que hierve
el agua? Pienso en ti.
En aquella vez que llegamos tarde
al cine. Supimos el desenlace
de la película, pero fuimos incapaces
de entender: determinados inicios van más allá
del holaquétalencantadadeconocerte.
Pienso también que dormir
es desdoblarse. Escribir es desdoblarse.
Amarte.
Es.
Desdoblarse.
Por un lado, el agua
que se pierde (¿se pierde?)
convertida en vapor, en el vaho
que niebla los cristales, las lentes de tus gafas,
el perímetro de las aletas de mi nariz. O
quizá se trate de un preludio
ante la pérdida, antes,
mucho antes, antes
de iniciar el gesto de levantarme
sin ti, antes
de este ritual matutino: el agua (mi cuerpo)
en el punto previo,
preciso
antes, poco antes, del temblor:
la tetera, la taza, la piel. Antes,
un instante antes, el sudor,
la saliva, el abismo húmedo entre
las piernas. No
son sólidos los sueños,
ni el tacto de mis manos conteniendo
esta nube de té. Tampoco
lo es
………………….tu ausencia

 

 

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