4 poemas de Adriana Milena Rua Cadavid

34e

Adriana Milena Rua Cadavid

Medellín, 1988.  Desde su infancia ha explorado  la escritura creativa.  El arte es para ella una terapia indispensable para construir una sociedad que sienta y responda a la necesidad de ser. Es médica de la Universidad de Antioquia, sabiendo que la literatura se alimenta de todo conocimiento y experiencia, además  ha estudiado música y fotografía como parte de su búsqueda de expresión. Actualmente  forma parte del taller de Poesía El Río, que se realiza en la Corporación de Arte y Poesía de Medellín,  ha participado en diferentes  recitales de poesía en la ciudad entre ellos El poeta tiene la palabra y ha publicado en la revista Ulrika. Es una viajera cósmica, un espíritu trascendental, un elemental.

 

LOS AMORES DE UN DIOS

 

Zeus se transforma en aire

para acariciar los sueños de la mujer.

Elige cuerpos: toro, cisne,  humano,

llamando con sus formas

todas las voces de la pasión.

 

La doncella presiente la existencia del dios,

sabe la ilusión de su permanencia en la tierra.

Elige saberlo su ropaje,

beber de ese cuerpo transmutado.

 

Se engañan ambos:

Él, recrea el deseo en un cuerpo ajeno,

Ella,  crea el corazón de un ser fugaz.

Juegan con los trajes del amor sin desnudarlo.

 

Si esos son los amores de los dioses

qué podemos esperar del amor de los hombres.

 

CONFESIÓN

 

Han hecho una fotografía de la tortura,

la cámara fue instrumento del flagelo:

cuando el condenado bramaba por  auxilio,

el fotógrafo dio el último disparo…

 

Escribiendo sobre esta escena atroz,

estoy presenciando la muerte de lo humano,

mi tinta se alimenta de su sangre,

soy cómplice de la barbarie.

 

NACIMIENTO DE VENUS

 

Tu cuerpo se levanta como lo hace la primavera:

has sido capullo,

respiras como flor,

y tienes los colores de la anémona.

 

Cuántas noches te buscó en sueños el pintor,

cada línea lo alejaba.

Con prisa,

buscaba los tonos que te acercaran.

 

Venus,

has nacido del sueño de un hombre,

es él: tu hijo y tu amante.

 

ACAPULCO

 

No nos asustaban las olas,

podíamos saltar desde el peñasco.

No temíamos a la muerte,

porque la vida tenía un cuerpo tan grande

de colores y música.

 

Acuérdate de Acapulco,

aunque ahora no puedes regresar.

El mar esta rojo,

hay miedo,

la muerte ha crecido;

llevas su vida en tu  vientre.

 

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