3 poemas de Giovanna Simone Chädid

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Giovanna Simone Chädid

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Movimiento sobre los escombros

Se cuela por mi bosque la sangre de generaciones,

en estas estaciones penumbrosas,

permanecerán mis palabras en el aire desnudo del laberinto del mundo,

no han visto la sangre y el lodo revueltos por la ausencia,

desde lejos oigo el llamado que renace;

vengo de las ciudades para purificarme en los ríos,

el fulgor de una perla en el fondo del

mar,

tuvo un alto precio el azar encantando y en las noches es necesario el todo en la negociación,

hay dimensiones ocultas

dentro del asombro,

hay algo que vendría a hacer el mar

cuando abre los brazos el vacío,

pero si el mar cayera como la nieve

no hablaría el poeta

de truenos y tempestades,

si el mar fuera el sol de la tarde

dejaría peces entre los libros.

¿No sientes cómo rueda el vertiginoso movimiento?

sobre los escombros del insomnio

sombras obstinadas

se esparcen

un soplo por el bosque

la boca se alza y su movimiento

ondula en todas partes,

en la arquitectura subterránea

los lobos hacen su poema,

debe haber otro tipo de felicidad;

en los incendios

las plagas

y el olvido;

aunque todas las respuestas no traen una solución,

nunca se encuentran las palabras

dos veces

de la misma forma.

Bogotá

Poemita,

esta ciudad yace en mí sin obituario,

su cielo gris-blanco me abofetea el rostro.

Esta ciudad de iglesias es mi infierno.

Me atormentan sus calles, sus periódicos y sus estrellas chiquitas.

Esta ciudad de rincones y arrinconada acaba con mis zapatos y con mi buena fe.

Sus demonios se desvelan con mis monedas,

sus filósofos de fútbol me amargan el café.

Una vez traté de hacerle un poema y desperté en un psiquiátrico,

y desde allí uno se imagina el mar Caribe

caliente e inmenso.

Y la Serranía del Chiribiquete como botellas de distintos tamaños navagenado a la deriva.

Y el mundo como una pelota

que rebota sobre los techos.

Y cada noche me repito lo mismo,

no importa de qué lado de la mesa estés,

el humo que se mete en los ojos

es el mismo que infla las palabras.

Y afuera llueve.

¿Y qué puedo hacer yo con esta lluvia?

¿Vender paraguas bajo un semáforo?

Ya en vano trato de escribir poemas,

ahora de nada vale enumerar mis canciones

mientras muerdo el cepillo de dientes y el agua del grifo salpica la alfombra

frente a un espejo solitario.

En la madrugada mientras escribo poemas

abro los ojos ante la tormenta,

pero se mete un asteroide entre mi papel.

Esta voz es un lugar

donde todas las mañanas me quedo a escuchar

cómo tropieza el viento con el órgano de tubo

que cuelga de la pared,

cuando en la casa no hay nadie

y fumo en la ventana,

me fumo todo lo lejano

en este barrio de clase media,

donde la poesía es perseguida por los reyes magos,

y yo,

tambaleándome en la oscuridad,

con mi débil torre de humo

escucho la caída de monedas que nadie jamás encontrará en el polvo.

Yo crecí en esta ciudad que te mira obscenamente y no te reconoce.

Bajo los muros de esta casa

la oscuridad se cuece,

y afuera en las calles,

sospecho de voces quebradas,

como los sueños.

Pero a este lado de mi puerta

en mi habitación donde no entra nadie

yo escribo poemas

y en la radio

suena Sugar man

Terapia de grupo

En vano trato de escribir poemas,

porque poeta es una palabra poderosa,

una vez se usa hay que tener cuidado,

tampoco se escucha muy seguido,

quizá se esconde al pasar la calle,

entre los anaqueles y los refrigeradores de las tiendas,

entre el humo gris de autobuses rojos

(nuestra pesadilla se levanta con nuestros zapatos),

algunas veces se esconde en noticieros,

otras,

entre el polvo amarillo, que se transforma en viento.

Hoy salió el sol y tú no estabas en mi cama,

abrí la ventana entre la realidad y la ficción

y encontré poetas por millones,

como moscas,

aguardaban,

pululantes,

revolcándose de regocijo entre el dolor,

limpiando el piso,

recogiendo escombros de desastres ajenos,

en habitaciones privadas, donde el sol no entra,

pero se sofocan, como taxistas de turno.

Con tu “yo soy poeta” de ropas rápidas

y tus salidas de último segundo,

y tu comida poética,

y tu libreta poética

y tu automóvil poético

por el que sucumbes en vertientes montañosas

y tu desayuno poético

fielmente fotografiado para Instagram,

con esos versitos de auto ayuda

para alienar mediocres,

no lo niegues,

sabemos lo que el mundo quiere

y cada día y cada noche,

se repite lo mismo.

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