3 poemas de Fabio Andrés Delgado

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Fabio Andrés Delgado:

Suachuno de guaca y alpargata modelo 1985. Profesor de ciencias sociales que se dedicó a seguirle los pasos a Apollinaire y Trakl, o como quien dice, se perdió en algo que no sirve para nada y sirve para todo. Sus escritos han aparecido en casi toda sur américa y  por si fuera poco como buen maestro ha incentivado varios colectivos artísticos siendo gestor y promotor muchas veces. Por ahí anda su poemario Asma ahogando lectores.

VOCES DE QUIMERA.

La ciudad anda llena de lienzos

que se van doblando en las esquinas,

entonces el artista intenta pincelar el silencio

al que luego le dirá posteridad.

En las bibliotecas se entonan discursos

como si fueran himnos

destajando sueños,

se va haciendo un eco en el cuarto

que se pregunta

¿Qué es el arte?

Y mira cómo se desdobla el académico en su repisa,

babeando en sus réplicas de Dalí

en los libros de Tzara que descansan en una urna de cristal

Una fotografía de Borges tan ciega como su mirada.

¿Qué es un artista?

Aúlla el crítico

en su intuición de ebrio

buscando que beberse como si fuese el último vino de su vida

recorriendo las imágenes de una Woodman que decoran su escritorio,

 

El señor Rimbaud,

amó tantos las estrepitosas noches y les cantó con tal fuerza

que se fue inventando las huellas de un nuevo Poe,

escondido con sospecha

entre el licor y los libros de la larga Francia de Baudelaire.

¿Qué es el arte,

señor catedrático?

Pregunta el interlocutor en el canal cultural de la televisión,

Este con maestría, pasa por los manifiestos de Bretón,

los clásicos del mediterráneo

o las publicaciones de estudios presumidos

donde nadie entiende lo que se dice

pero se aprueba por ser brillante.

¿Qué tipo de arte existe?

Con lectores atormentados

leyendo lo que se debe leer

muchas veces sin entender,

existe el que odia a dios

una orgia de mefístos girando entre cocteles.

Existe el que condena al diablo

en escrituras rebuscadas

cuando gimen en la plaza su verdad

¡la única verdad!

Existe el anti-arte

inclusive el pro-arte.

Con un fausto vendiéndole el alma al editor

los pocos anhelos que le quedan.

Hay arte oscuro

y dicen que es de aquelarres, velas y gatos.

Hay arte blanco

tan modesto como falso.

Y los suicidas

tan pecadores los suicidas,

cultos de muchos

que pretenden su rebeldía,

hasta de vez cuando intentan quitarse la vida.

¿se preguntará por el arte la tarde gris de Pizarnik?

¿se cuestionará el aire caliente del timbal de la cabeza de Andrés?

¿o Alfonsina vistiéndose el mar en las manos?

¿Quién le dijo a Silvia Plath que respirará hondo sus versos?

¿Arte?

¿Hay arte en las paredes colmadas de sangre?

¿En comunistas tercos, anacrónicos y nublados?

¿En capitalistas asesinos, prejuiciosos e idolatras?

Solo veo una sociedad que camina a sus abismos

intentando una locura y una rebeldía de comercial publicitario.

Entonces que te puedo decir,

si de todos los caminos que me encuentran

me toco un largo laberinto

por el que aprendí de la pasión

hasta quedarme sin respuestas.

Aprendí a subirme en una quimera

gritando idioteces

en este pueblo que se arruina de a pocos

buscándole voces al barro,

para olvidar tanto de lo que se dice

en inventar un castillo del que no se me da la gana salir.

ANACRONISMOS

Entro; cambiamos unas cuantas convencionales y cordiales palabras y le doy este libro. Si no me engaño, usted no me malquería, Lugones, y le hubiera gustado que le gustara algún trabajo mío. Ello no ocurrió nunca, pero esta vez usted vuelve las páginas y lee con aprobación algún verso, acaso porque en él ha reconocido su propia voz, acaso porque la práctica deficiente le importa menos que la sana teoría. En este punto se deshace mi sueño, como el agua en el agua. La vasta biblioteca que me rodea está en la calle México, no en la calle Rodríguez Peña, y usted, Lugones, se mató a principios del treinta y ocho. Mi vanidad y mi nostalgia han armado una escena imposible. Así será (me digo) pero mañana yo también habré muerto y se confundirán nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos y de algún modo será justo afirmar que yo le he traído este libro y que usted lo ha aceptado.

Jorge Luis Borges (A Leopoldo Lugones).

 

 

La palma de la hoja

marca un millar de ríos

al suspenderse continuamente la lluvia en su cuerpo.

Al cruzar un destello de luz en el rocío que muere en la tarde,

la oscura noche serpentea en el viento.

En ese instante, yo

ensillo el caballo negro de Aurelio Arturo,

que vaga el sur de los pastos

de la canción que fue su infancia.

DESDE LA CONDUCTA

 

La bolsa de valores

el precio del dólar

el despertador en la mañana

el canal de noticias

sus mentiras excedidas.

el olor del tostador en la cocina.

El pan mojado en el café

los servicios públicos

el sector financiero

verte el sábado en el almuerzo

el domingo en el cine

llegar a tiempo al trabajo.

El shampoo de fresa

el jabón de avena

mi perfil de facebook,

ese que no soy que dicen que soy

toma decisiones y es libre.

Instagram y los gestos

de felicidad que debo hacer en selfies.

Whatsapp:

Los besos,

Las conversaciones,

Las incógnitas,

La voz en la distancia,

Los grupos de gente que no son reales.

El teléfono móvil

Que nos hace todo.

Termina viviendo por nosotros.

El baile MTV donde todos son sexis

pero nadie baila con nadie

la ropa de moda

la música de la emisora

Youtube y sus millones de visitas

Los Youtuber y su montón de cosas dichas.

Entonces soñar se hace más difícil

Imaginar,

un trajín que vamos olvidando

pensar es un crimen

y la poesía una invitación al delito.

3 poemas de Liliana Gastelbondo

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Liliana Gastelbondo:

Opita de pura cepa y profesional en estudios literarios que es como decir que se la pasa leyendo para decir que vive. La poeta ha contribuido con su palabra en grandes revistas nacionales y ha sido antologada en varios mamotretos de poesía. Una editorial española, vio en ella su tinta y decidió meterla en vaso. ahora se le puede comprar como poemario, sus poemas están embotellados. Su poesía es furiosa , viene de todas las cosas que se aman.

 

 

Y TE AMÉ…

 

Mis deudos estarán felices

al recordar aquella noche

en que lamí las aceras

por el frío, el hambre o el desagrado.

Tal vez por todo junto.

 

Al hacerlo

se derritieron mis pasos

entre gritos marcados por tu sombra.

 

Esa noche pagué mis deudas si alguna vez

se podrían cobrar o pagar…

y te amé como una puta rabiosa.

 

 

HE FALLADO

 

en gastar corpiños de metal en flores de papel

en resumir lo inconmensurable

en presumir del olvido.

 

He articulado palabras nada más en mi mundo baldío

he sembrado piel de heno sobre libros escritos ayer y hoy.

Se piensa en el amor, se piensa en vino.

 

Se piensa sobre la alfombra en la cual reposan momentos de placer o de dolor.

Todo se conjuga en este semblante blanco que hoy viene a preguntarte

sobre tu falso y esquelético caminar o vivir.

 

He fallado vuelvo y respondo o respondemos

sobre el millón de cabezas que apoyan

su andar en el regazo eterno de la Esfinge.

 

 

 

SCHERZO

 

Ayer escribía: aún sigue triste aquella rosa

hoy escribo: hay un espacio rojo

para la garantía del hombre.

 

Antes caídas en bicicleta

luego, perder los pasajes de aterrizaje

ayer el sabor del papel,

hoy creer en la integridad de la mancha.

 

En el pasado escribir letras en el campanario de una iglesia derruida

más adelante, palabras sueltas hacen parte de una red anónima.

En la antigüedad hacer fuego

en el presente apagar cerillas con la yema de los dedos.

 

La mayor imaginación

para que al intentar dormir se ahuyenten

los zancudos del tedio.

 

3 poemas de Alexander Buitrago

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Alexander Buitrago:

Poeta Zipaquireño nacido en los años 70. este hombre e ancestral raza muisca denota una pasión por la poesía admirable. el bardo participó en varios colectivos literarios y por su rendición de cuentas a la palabra ha obtenido varios reconocimientos. A pesar de provenir de la sal su elemento es el fuego, no hay estación que no haya sido incendiada por sus versos.

También hace columnas para algunos países y revistas literarias, la selección que se presenta fue realizada por el autor.

 

 

Poema del vino



Que el poema sea añejo
al beberse en copas de silbos
o en el cuenco de las manos,
que su aroma de vino suba
y crezca su delirio embriagador
entre las venas y hacia el corazón.
Que el poema se beba de una página
y se brinde entre renglones tachonados
y su licor alegre mi saludable ausencia.
No pido otras esencias para bebérmelas.
Yo vierto este poema en botellas de papel
para conservar la soledad del dulce líquido,
su aroma maderable a distancia,
su estatura de invierno reciente,
su volumen de ola ebria de luz,
su cuerpo nocturno vestido de luciérnagas,
su voz (sin silbos ni murmullos) sin orillas.
Ven y léelo de un sorbo, sin suspiración,
así, en esta copa
o renglón
que contiene versos aromáticos
de lluviosa espuma
hacia la oscuridad de la garganta,
así, sin reguero de versos
cuando se descorcha el poema.

 

 

CUADERNOS DESTRUIDOS

 

 

Acá me sangran los dedos

con sólo extraer estas palabras de su sitio.

Las pulo bajo el silencio puro,

roca dura

y deforme.

Una cadena arrastro cuando escribo,

cuando cavo entre las palabras de la mina.

El rostro se me tizna de oscuros adjetivos

y visto del color de los presentimientos.

De tanto picar esta música incrustada y deforme

mis manos son un mapa sangriento.

Mi cuerpo se dobla por el peso del silencio

donde socavo la fuerza.

La lluvia rompe mis zapatos con su furia.

Y hasta el aire no es sino una mínima derrota,

una mínima derrota arrendada

y un pequeño olvido prestado.

Llueve mientras escribo encadenado al aire obrero,

mientras un tren espera en este renglón

a sus pasajeros vestidos de recuerdos.

 

 

Llego a tu puerta

 

Llego a tu puerta

con mi viejo traje remendado por los pájaros.

Traigo el abecedario del viento

que gira su rueda en esta charca.

Y antes de irme

te devuelvo tiempo,

los meses, el olvido y mis años lluviosos,

mientras mis brazos revuelven el aire

donde trituro la endurecida noche de piedra.

 

3 poemas de John Galán Casanova

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John Galán Casanova:

Rolo setentero graduado en literatura y revolución, el primer libro lo escribió en una máquina que no tenía la “e”, ni una tilde y menos la asombrada “o” para escribir corazón. Ha ganado varios honores poéticos escribiendo en aparatos precariamente desmadejados, sin embargo, los cacharros han sido aptos para su poesía. Hoy en día juega a ser maestro de escuela en universidades, pero como se la pasa leyendo en un club de poesía y renegando de no conseguir una buena máquina que al fin pueda encontrar tildes para sus vocales, parece que el sueño se va a quedar en amanuense de espejismos. Como traductor ha logrado varias versiones de otras voces espléndidas y como coordinador de talleres poéticos es donde ha conseguido su mayor logro; convencer a algunos de que la poesía sirve para algo.

 

 

Bandera

El hombre sale

y tiende la camisa

en la cuerda.

Arrima el taburete

al tronco

y se recuesta

al fresco de la enramada.

Allí lo asesinan.

La camisa ondea,

bandera

de una patria vencida.

 

El cuerpo

¿El cuerpo?

El cuerpo es un ídolo rancio

al que ofrendamos flores por costumbre.

Mil billones de fotografías

le tomaron durante estos siglos

y lo han dejado exhausto.

El pobre cuerpo

no resiste una prenda más,

un desnudo más, una pose más.

Habría que embalsamarlo,

encerrarlo en un sarcófago

y preservarlo un milenio de toda mirada

mientras recupera su aura.

 

El exceso

El exceso de T.V. no remuerde.

El exceso de alcohol es obligatorio.

El exceso de trabajo es legal

y perjudica la salud.

El exceso de velocidad

es la rebeldía de los lerdos.

El exceso de drogas no da abasto.

El exceso de sexo no se siente.

El exceso de luz eclipsa la noche.

El exceso de noche es elixir de fantasmas.

El exceso de campesinos

acampando frente a las alcaldías.

El exceso de plagas que no atajan los pesticidas.

El exceso de estudio sin pasión,

de mediocridad dentro y fuera del salón.

El exceso de sordo llanto y de ira

en las voces de los niños.

Y los madrazos,

los portazos y los trancazos a los objetos.

El exceso imposible del amor.

El exceso de la danza de la muerte.

El exceso de lujo, de codicia, de violencia.

El exceso nuestro de cada día.

3 poemas de Hellman Pardo

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Hellmn Pardo:

Todos los elementos se unieron para darle forma en 1978. Los años pasaron y el niño se convirtió en poeta, poco a poco fue plasmando en hojas en blanco su tumultuoso fluir de ilusiones que la palabra fue reconciliando poco a poco con su sed para comunicar ese tratado de dientes apretados que es su anatomía de la soledad. No es un judío errante, pero conoce bien todos los elementos del desterrado, sabe que la poesía es la historia del agua que vaga como un falso llanto en el granizo. Ha sido premiado y ha viajado como todos los poetas y ha fundado y editado, ha bregado, como es cosa de siempre, en el oficio del poeta. Así sus noches, arrimado a las ventanas, intrigando, llevando en su corazón una tentación inconclusa.

Urrao (Al oeste del tiempo)

Soy maquinista de una barcaza hecha

con maderos de abandono.

La heredé del llanto de una mujer andina

fusilada en la guerra.

Una tarde me hicieron descender de la barcaza

y conmigo

a todos los viajeros.

Dijeron que nos arrodilláramos cerca a la desolación.

Nos arrodillamos

donde los alambres de púas advertían

el color del sueño.

Se escucharon entonces diez caídos como jobos maduros

buscando tierra

mientras el sol se hundía en la trocha

lento

derrumbándose.

Te hablo desde el cobertizo de la memoria

desde la hora muerta y su estampida.

Mapiripán (Los pliegues del agua)

No es el golpe invernal de árboles dolidos

que tropiezan con la noche

o el rencor de las luciérnagas cuando naufragan por el aire

y llevan a media asta las alas húmedas de abandono.

No es la fatiga del valle

tardío arrepentimiento de cuchillos jubilados.

No es el hambre

o su llanto en el estómago.

Asciende una fiebre imperturbable

en aguas solísimas.

Es el río Guaviare

madre

su aguacero

estanque de cuerpos condenados

donde lavabas y herías la ropa contra las piedras de tus pechos.

Yolombó (Crónica de los muros)

Hay pesadumbre en los muros de esta casa

una amargura de cargar el cielo raso.

La verdad cansa.

Lo sabe esa humedad en las esquinas

que respira un moho parecido al hambre

invadiendo el traspatio.

Dicen por ahí

que los gritos permanecen adheridos a las paredes.

Aún se oyen lágrimas

como áspero aleteo

del guardacaminos.

3 poemas de Santiago Espinosa

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Santiago Espinosa:

Hombre ensamblado en el 85 por la divina naturaleza del azar. Sin embargo, a él le dio por coincidir en esta época y ser poeta que es como decir que es muchas cosas: la memoria de la aldea, el crítico del mundo, el melómano y operómano de los palcos y los gramófonos, el ensayista de las filosofías libre pensantes y de los andenes metafísicos, y en gran parte, el literato de las calles de la vida que se agacha siempre en una esquina a recoger papeles paraleer un sueño. Se ha convertido con los años y con la experiencia en un señor de palabra sabia y medida y se sobrevive con oficios de tablero y conferencia.  Pero más allá, él, a su vocación, a su destino, los tiene dispuestos para sangrar los dedos.
Ha sido traducido hasta en el idioma del alfanje y sus poemarios son como un Eco, muy lejano, que llega siempre a escribir sobre esta niebla.

Soliloquio de un raspachín

Con estas manos

planto semillas de viento.

Espero su floración

de limbos pardos

antiguos como el suelo.

Las hojas son los rostros

de los niños sin descanso

creciendo en la selva,

estrellas o corales

olvidados

que silban entre los árboles.

Desayuno. Pienso en el padre

de los lunes

frente a un pocillo roto,

repaso cicatrices.

Limpio las hojas secas

sobre una tablilla,

en calma,

como el que lava un aluvión de oro

en lo profundo de su casa.

En la semilla está el sol negro

de los puertos,

respirando a la distancia.

El viento llega a los bolsillos de la noche.

Recorre plazas que no conozco, avenidas desiertas.

Tiendas donde se paga una promesa

en la oficina de recaudos.

Descansa en la furia de las llaves,

traza dos líneas de fuego en la repisa del bar.

Construye palacios y destierra casas viejas,

casas de rejas blancas junto al espejo del lago.

Mi oficio es el oficio de mi padre.

Cuido la sal, el puño, mido los cristales,

espanto de mi casa pajarracos negros.

Con estas manos

he cosechado tempestades.

La casa

Todavía recuerdo la casa. La convoco.

Mi madre le imaginaba sitios a las plantas

y mi padre, desde el umbral,

veía que esos espacios ajenos

despoblados,

se iban llenando de Mahler y de Mozart.

Los olores eran de cañerías.

De una humedad que no era nuestra.

Sólo saldremos de aquí con los pies para adelante,

juró Papá,

mientras en el teléfono hablaban intrusos,

de nombres que no conocíamos,

y mis hermanas, en silencio, ya sospechaban refugios

para el amor.

Sin cuadros, sin libros en el anaquel,

la cama principal estaba estática,

como sin tiempo.

Vimos cómo salían los pretendientes,

arrojaban la puerta y no volvían nunca.

Los vidrios se acostumbraron

a nuestras sombras, los vecinos

a la música extranjera.

La casa terminó por impregnarse de café,

carne digerida; copos de piel

que enmohecían las paredes.

Cuántas veces memorizamos la vista.

Cada calle,

cada ángulo que las rodillas

-en su afán de cielo-

cambiaban para siempre.

Allí quedó el pelo maldito

del cáncer de mi hermana.

Las cenizas del cigarrillo,

las hojas de los primeros poemas.

Las monedas se empobrecieron

en los bolsillos,

y la sonrisa de papá pasó por los guiños

hasta llegar al silencio.

Mamá maldecía,

como si la diferencia  en los pómulos

fuera culpa del espejo.

Y mis hermanas, en la cama,

dejaban el lado izquierdo para otro.

Todavía la recuerdo.

Pero hoy la imagino

con los ceniceros limpios

y las luces apagadas.

Suena la música de Mahler, de Mozart;

pero nadie silba después de la pausa.

Quizás miran la vista

poniéndole zapatos a las huellas.

Quizá ahora se acuesten pensando en otros

y tengan pesadillas con los mismos fantasmas.

Pero abrirán la puerta,

y dejaran la casa

en los rincones de otra memoria.

Porque pasa,

y más rápido que las casas

se envejecen las familias.

Cuchilladas

“…y el viento podría

Con otra sal enrojecer los ojos…”

Guiseppe Ungaretti.

Podría tu nombre

iluminar otros ojos

la lluvia, su escándalo lejano

en los sucios ventanales,

traer algo distinto

a las derrotas.

Pero escucha, detente.

Ahora el niño que fuiste

deja en la mesa los juguetes

y mira el verde en las montañas

detenidamente.

Va por la calle, la furia de tu urgencia

escoge sus caminos. Míralo

haciéndose a tus propias expresiones.

Escogiendo las canciones, los libros de segunda.

Va con la madre y su saco nuevo, a rayas.

Zapatos de otra era, uno detrás de otro.

Su golpe de segundos

por los parques, los cuartos al blanco,

y un suave rumor que se teje en los huesos.

El árbol se hizo a sus anillos.

Cambió la moda, cambiaron los tiranos.

Sonoro pasó el siglo en su barco de ebriedades

y otro cráneo adornó el anaquel.

Podría ser otra casa,

la abuela no haber muerto tan temprano.

Podría ser otro mar

el que sacude desde el fondo.

Pero persiste, no se doblega.

Ahora un hombre se afeita ante el espejo

en completa soledad.

Dibuja a su padre a cuchilladas.

3 poemas de Carolina Cardenas

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Carolina Cárdenas:

Una creativa que pareciera multiplicarse en todo lo que hace. Su obra comprende desde la edición hasta la fundación de nuevas maneras de leer. con esas gavias puestas sobre los masteleros de su corazón la poeta ha logrado dirigir nuevos talentos y concentrar sobre su cabeza atribulada premios y menciones, becas y publicaciones. Actualmente anda sacándole humo a las palabras en una columna que escribe para el periódico El Mañana de México

 

El llanto de los perdidos

 

En esa fosa parecían reposar todos los cadáveres del mundo,

de sus huesos colgaban aún pedazos de piel, de memorias.

Las madres acariciaron con sus labios los restos de sus hijos.

Los hombres señalaban ese gran abismo de muerte.

 

Un trazo de dolor se veía en ellos,

desfigurando sus espíritus.

Algunos en genuflexión besaron los pies de las madres.

El abrazo de esas mujeres abarcó el cielo lluvioso.

 

Entre las grietas de los días se filtraba

el silencio gigantesco de los muertos,

el gemido de las víctimas y los asesinos,

el sollozo que deja la sangre vertida,

en tierras de orfandad y nada.

 

En las pupilas de los asesinos hubo llanto,

un lamento que se perdía

entre las columnas del tiempo.

Uno que parecía angosto como su pasado,

y sordo para los mortales.

 

Ojos cerrados

 

Sutil te sumerges como un pétalo en mi boca,

levitan tus manos sobre mi piel, águilas hambrientas.

Un cálido viento recorre mi cuerpo

haciéndome olvidar que existe un tiempo.

Somos uno cuando cerramos los ojos

y el cielo con sus estrellas cae sobre nosotros.

 

Introspección

 

Soy agua

que resbala por las grietas del mundo.

Soy árbol, raíz anclada a la tierra, al tiempo.

Soy sonido que vuela por los campos escuchándose,

y silencio que aletarga atardeceres.

 

Sin embargo, a veces, no quiero ser agua

que viaje por el caudal de la existencia,

sino tumbarme en el césped,

desprenderme de mí misma en la noche.

Intentar ser invisible,

navegar en mis oídos.

Convertirme en ráfaga de tiempo

que al final se hundirá

en las profundidades de los sueños

inventados por la muerte.