3 Poemas de David Valdés Estrada

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David Valdés Estrada

Nació en el antiguo Distrito Federal, hoy: Ciudad de México. Es cineasta de formación, cuasipoeta por vocación y publicista porque hay que pagar la renta. Sus textos nunca le han dado más reconocimientos que los likes de la concurrencia en las redes sociales, además de un pequeño y velado afecto de personas extrañas y afines a sus dolores. Ganó una serie de galardones digitales que lleva en su egoteca virtual como el vago recuerdo de su formación en la crítica con sus congéneres de amateurismo hace algunas noches en el universo.

También escribió un par de guiones cinematográficos que no han sido realizados, a pesar de ello, sus personajes vienen a jalarle las cobijas por las noches para que los recuerde. Tiene intereses por la narrativa tradicional, si no le llega pronto el corte de caja, podríamos padecer una colección de cuentos o una novela de la que tal vez no querrás acordarte.

Puedes seguirlo de lejos, pero de cerca en Facebook como Galería Reptante. Si lo contactas no olvides cantarle Trátame Suavemente de Los Encargados en versión de Soda Stereo.

Confesión de viernes

Confieso que hasta ahora las palabras

y yo hemos tenido problemas, serios problemas.

Confieso que no hay oración que no posea en su raíz

algo de mentira. Y que no hay mentira por más

verdadera que sea, que no tenga un dejo de salvación

en su oculto regazo. Confieso que a diario me pierdo

y perderse es necesario en todo momento… para olvidar

al animal que mira, al hombre que escruta, a la razón

que acecha. Confieso del amor los misterios y las cenizas

inhaladas… aún con brasas en mi vientre. Confieso los pecados

de mi lúdico esqueleto, los pensamientos no expresados,

aquellos, los devorados por los sabuesos negros del medio día.

Confieso no he sabido usar mis alas…

Confieso…

sigo siendo un animal rastrero.

Casa de las aves

Aquí estoy antes de que te hieran.

Aquí estoy que llegué cuando sólo había tinieblas

y que permaneceré hasta que vuelvan.

Aquí estoy con la furia de los árboles que se llevaron.

Aquí estoy y no me pesan las sonrisas falsas, ni la mierda,

ni el dolor de las estaciones que se están brindando a manos llenas,

a esos desapercibidos de la vida, a esos oportunistas que fueron convidados

a las grandes y finitas gracias de la vendimia.

Aquí estoy y si mi mano

y si mis huesos

y si mi carne

te sirven de algo,

puedes quedarte conmigo,

sabes que sobra decirlo

que puedes meter tu mano

por el hueco de la jaula que aprisiona

y resguarda a mi corazón que es adrenalina

y que está sedado

y que conoce la condición

del fuego congelado y de las alas que se quiebran

para nunca reunirse otra vez, en pedazos.

Usted, la roja sangre de mi cuerpo

Es hermosa esta locura

de vidrios en el suelo que me das

y yo siempre tan descalzo.

Es precioso el regalo nocturno

de este infierno perfumado

de ir tan embriagado

de oraciones que se extravían

en cualquier amor

y que nada saben de juramentos.

 

No cambio al paraíso de tu fuego

ni a los alfileres que hasta el hueso he puesto

para permanecer como un inofensivo insecto

en la vitrina de un fantasma aficionado

a la entomología en otros planetas.

 

Te he dicho, poesía, que cuando más me hiere la vida,

más aprecio las balas que extraigo de mi cuerpo

para convertirlas en palabras.

Te he dicho, poesía, que es a ti a quien extraño

cuando me descubro en el reflejo

de los charcos tan ahogado,

tan de sinrazones lleno

o cuando me reconozco

tan repleto de silencios,

que sé que te debo algo

y que no merezco…

que no te merezco.

3 poemas de Rita Bedia Lizcano

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Rita Bedia Lizcano

1973. Originaria de Monterrey, N.L. México. Poeta y narradora. Ha participado en eventos literarios como: La Feria Internacional del Libro de Monterrey, de Arteaga Coahuila y de Cd. Juárez, por mencionar algunos. Dentro de sus libros se encuentran: Apasionada, Noches Eternas, Leche de pájaros, Tras los rosales, Recopilaciones desde el Celular 1 y 2. Cuenta con varias publicaciones en revistas y editoriales nacionales e internacionales. Ha sido seleccionada para diversas publicaciones en España, USA, México, Centro y sur América.

Sueño

 

Te deseo:

En mis labios,

dientes y carne.

Dentro,

en la oscuridad más profunda.

Fuera,

revelando sabores.

Sobre,

la piel grabando la insignia de tu boca.

Atrás,

perdido entre líneas y curvas.

Te sueño cuando el dolor

desgarre mis entrañas

y en súbito aliento

enmudezcan las sombras.

De: Apasionada 2014

Bhagkosha

Amazona sin bestia

del tiempo remembranza

plétora bajo tu piel

Cleopatra del llano

río de leche

descubres

tesoro en tus dedos

emerge entre

columnas de mármol

¡Clítoris!

De Dios la joya

al desoje de tu flor.

 

De: Las Juanas 2014

Dios contra el suelo

 

La Gloria vaga perdida al alba

y de entre la niebla,

concéntrica guerra,

amamanta las orillas del cosmos.

Vientres hinchados de piloncillo,

del maná se alimentan

al fuego de unos labios oscuros.

Días sangrantes,

semillas inhumadas en fango.

Amordaza el Gobierno.

Grito ausente de ojos vedados

mojan la tierra

donde se bañan los puercos

y secas gargantas

se nutren de plomo.

Se retuercen las mentiras

y un puñado de traidores

se rascan los testículos,

cansados de la verdad.

Dios contra el suelo.

No existe más mierda

en las letrinas

que chacales en palacio

y nacen de hienas

camadas de bastardos.

Esqueletos bajo pinos,

casas blancas          y rosas,

no basta libertad,

pañoleta ni rebozo

chorreantes en vino tinto.

Sin sol

miro       el polvo de mis huesos.

 

 

De: Celular 2 – 2016

3 poemas de Aleqs Garrigóz

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Aleqs Garrigóz:

Poeta mexicano de ese pueblo muy bonito que queda en las playas de Jalisco, el famoso Puerto Vallarta que se arrulla en el palmar. escribe desde los quince años y desde entonces ha ganado varios premios y ha viajado dando a conocer su “Galerías de sueños” ante “la risa de los imbéciles” y “La luz constante” que lo atraviesa en todos sus segundos. el bardo mexicano es un viajero empedernido y su sueño es que la poesía sirva, sobre todo, para despertarlo en otro mundo.

 

EL MANIQUÍ

Carente de articulaciones, tieso cual esfinge,

se erige el maniquí, con su sonrisa falsa.

No será prudente que lo llame con todas mis fuerzas.

Nada, ni el menor movimiento.

Ni sus párpados le caen.

Sus pupilas están crispadas,

como si un terror estirado anidara en ellas.

Sus genitales anudados me producen asco.

Encuentro su ombligo. ¿Qué grotesca madre lo habrá parido?

Sé que si despertara de su letargo

sentiría vergüenza, culpa, lástima de sí mismo,

por estar tan solo y tan expuesto.

Él no sabe la fortuna de su condición:

ni su piel será lacerada por el frío

ni el herpes florecerá en su boca.

Rápidamente lo visten y adornan ridículamente,

pero jamás emitirá una queja accidental.

Han traído algunas pelucas anticuadas

y lo coronan como es debido.

Cortésmente me despido de él.

Lo saludo al alejarme, mirando a través de la vitrina,

como si mirara ante un espejo.

EL ACTOR

¿Qué es más insustancial que el trabajo del poeta

que deja al mundo un legado de textos confusos,

contradictorios, alucinados, incomprensibles…

y sin embargo, en su vacuidad, es instantáneo cobrador

de satisfacciones que se eslabonan día a día?

El trabajo del actor falaz y sin duda,

que no mide su ambición en balanzas

pues no es palpable su sueño en memorable materia

ni ciñe al mundo sus deseos en letras creadas para la inmortalidad.

El actor que se afana en quehacer de fantasmas,

el que entreteje en su vida los hilos del fraude y la mentira,

aquel cuya moneda común es de instintos tan bajos:

engaño, seducción, cobarde hipocresía.

Siempre viviendo a través de otros.

Siempre muriendo por otros, en otros.

Oscuro oficio de la fascinación,

de los ademanes que embelesan y obsesionan,

de las miradas incendiarias que intimidan.

Como un ladrón a mitad de la noche,

codiciosamente midiendo sus pasos,

presto a probarse cualquier mascara,

con semblante indefinido, helo allí tan alegre y tan triste
como un payaso después de su jornada.

Mi aplauso no basta a lo que quiero expresarle.

Aprenda en él mi torpeza a construir el futuro

controlando a otros, a salir airoso del asedio.

En fin, a vivir, a habitar el mundo.

EL FARSANTE

Huele a leche agria y al perfume de tiendas baratas;
y bajo la gruesa placa de maquillaje
no hay pedazo de luz en su cara.
Pero finge, finge con pretensión ingrata
al no haber clima benigno en su alma.

Se imagina especial en su pose y con vacío hablando

de ideales que cuestan caro, de leyes, genios y artistas,

haciendo burla de ritos paganos y mancias;
pero su casa es la ruina del caos,
nido de cucarachas donde ha pillado sus mañas.

Y es esclavo de sus propias falacias.

Dice que llueven semillas de oro en su techo
y hablar con la felicidad a cualquier hora
mientras sus tripas con dolor se devoran.

Y cada noche llora a solas.

Llora sí, y de orín son sus lágrimas,

pues siente el pesar de la vida sobre su espalda
como tenedores clavándosele en la espina,
deseando con todas sus fuerzas esconderse del mundo

refugiándose en una vagina.