3 poemas de Tatiana Olivera

12548949_848268798618026_1395150819126663284_n

Tatiana Olivera:

Peruanita a lo vallejo, de la Lima acantilada y gatuna, niña, del año 1993, que se convirtió en poeta siendo egresada de los bancos. Su cerebro anda a mil por hora y ahora  se encuentra  estudiando negocios intrenacionales mientras mantiene a punta de amor y constancia el proyecto de Arte libre, algunas de sus obras han sido publicadas en antologías y  como su vida es vivir en mil pedazos dándolo todo, este año se arrancó  un trocito de sus poemas y los dio al mundo.

CLAVOS EN EL PAPEL

La gente está por todas partes

en el bus

en la calle

en la estación de petróleo

en la gasolinera.

La gente está por todas partes

en el café de aquella esquina

en los restaurantes de buena comida

en los bares de buena y mala muerte.

La gente está por todas partes

como cucarachas de cocina

buscando qué comer

como polillas de oficina

husmeando

papel

por

papel.

La gente vive y no se pregunta porqué

viven como los mamíferos reproductivos

y aunque quisieran ser mariposas

solo son gusanos podridos.

Muchos tristes

incontables vagabundos

caminan con la mirada perdida

y la corrupción vacila los cuerpos

muertos día a día.

Tanta tristeza por la calle

y tanta gente sin hacer nada

mirando los vagos reflejos de la inhumanidad

la torpeza terrestre gobernándonos

con sus tontos comerciales

las absurdas leyes nos mantienen sin vida

sin esperanzas.

Los medios no comunican

solo nos muestran violencia

y la falta de amor.

La gente está por todas partes

y la mayor parte del tiempo

la gente es absurda.

Después te das cuenta

el problema no es la gente

el problema eres tú

claro que eres tú

el problema eres tú

que no haces nada por ti

que no haces nada por seguir viéndolos así

así que solo debes luchar

no para sobrevivir

sino para existir

                                 Necesitas        

                    existir.

LA BELLEZA NO PERMANECE

Uno se da cuenta de pronto

no es la belleza lo que permanece

no, para nada la gracia física perdura.

Es la conexión

la vibra entre dos individuos

no importan las leyes

ni de dónde vengas

no hay reglas

no importan los modales

ni lo que la gente llama forma de ser

porque no somos muebles

no somos masa de panadería.

Lo que perdura no es la belleza

es la palabra, la lengua

ese movimiento que va de un lado a otro

jugando con nuestros instintos y deseos.

La belleza no permanece

es el vínculo de dos seres perdidos

destinados a simplemente

ser.

SECUENCIAS

 

Caen las secuencias.

Caen los restos.

Cae.

Todo cae.

De repente

por borde, me acuesto.

Pienso en aquella noche.

Aquella noche…

La brisa lenta

la marea baja

el mar torpe

yo

partidos

desamparados

preguntándonos

aún

por qué

por qué

por qué.

3 poemas de Katherine Medina

katherine

Peruanita de Junco y capulí, de la tierra del acantilado donde ruge el mar y los enamorados van como gaviotas, mujer urbana de la hermosa ciudad de Lima donde los gatos tiene parque las fuentes de agua su desierto. La poeta ha publicado hasta cansarse y cuando la melancolía la aborda se detiene en su otra vocación que es el arte visual. Ha sido incluida en varias antologías y su obra pictórica estuvo expuesta al lado de los nevados y las alpacas.
Su pasatiempo no es llenar crucigramas sino enviar columnas y artículos a todas las revistas y cuando le duele el mundo se dedica a hacer cortometrajes como si con ellos atrapara la tristeza.

Poema Pop

He amontonado tu nombre

pero esta terrible maldición

de no poder escribir poemas de amor

estrujar el papel, expectorarlo

y maldecir este pobre oficio

me descompensa,

como el óxido de las sillas

o el olor a trementina

desde la habitación

donde ahora te recuerdo,

y tus manos ansiosas

buscando en mi cuerpo

el botón de encendido

para que mis palabras se conviertan

en cursis carteles de “acción poética”

pero no puedo hacer mucho para complacerte

más que cambiar los posters de mayo del 68

por personajes de la escuela de Birmingham

y tomar un gran sorbo de mate

pensando en que ya nada me impide estar a tu lado

y caer rendida en la cama

e imaginar mis manos en tu bragueta

(escena frecuente de habitaciones al paso).

Y vuelvo a traicionarte pensando

en comuneros exhaustos y minas informales

pero tus frases me vienen a la mente como post-it

con largas brechas de silencio

que acomodo sobre mi pecho

y te dejo penetrarme, ronronear en mi oído

y cargar mis demonios

pero vienen en seguidilla-violentos

cual comerciales publicitarios

y siento que las personas leen nuestras vidas

como si cada tropiezo saliera en periódicos chicha

¿y todavía somos, todavía eres? sin serlo

de costado abrazo tu espectro,

te abotono la camisa

y me pongo el cuarzo al cuello

para marcharnos juntos de esta habitación

desde la cual te recuerdo.

II

El día se cierne

para no odiar a quien reposa en mi seno.

Las sonrisas moribundas se esconden

en la acuática mansión de rencores

y el padecimiento de los barriletes sin hilo

son echados al viento.

Descansados de las trágicas respuestas

lo indulto

para amarnos en un triste hotel

del que huyen hasta los espectros.

El silencio se desborda

cuando los dedos empiezan a tomar su curso

en su materia,

en la mía,

desangrándose

sus conjeturas estúpidas de forastero

y así vuelvo a mi celda sin cerrojo

para nombrarlo aunque tenga todo el alfabeto.

(Mínima Celeste, Transtierros editores, pág. 10)

En un viejo hotel de Lima

Au plus tendre amour

Cesar Moro

El gemido de dos almas voraces y ciegas

han castrado mi reposo.

No es una queja,

-él dice que a menudo me quejo-

es el precio que debe pagar el viajero

que percibe que deletrear pobreza

es más fácil que sentirla.

El cuadro se completa cuando la noche

se despide de puntillas

transfiriéndome la melancolía de un nombre

que llega a mis pies con miedo,

más sordo que aquel que envuelve

los instantes felices que he llegado a maldecir

porque me atan a una boca de piedra,

al más tierno amor, al sucio tatuaje

encarcelado en el pie izquierdo,

a la mano que se aleja antes de estrechar a su par,

al sollozo de medianoche después de acomodar

el vestido de fiesta sobre la silla.

Mi vida se ha hecho simple,

la impúdica garua que acompaña el desvelo

que me hace rodear la plaza

ha silenciado un posible lamento.

En unas horas estaré desarmada frente a él

esperando que vacíe la congoja de mis ojos

pero no sucederá, el más tierno amor se ha ido.